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Publicado el: 03 de Diciembre del 2021

¡Un regalo especial, con un envoltorio diferente!

Cada 3 de diciembre se conmemora mundialmente el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, y la efeméride persigue el objetivo de la inclusión y la difusión para evitar que las barreras culturales sigan dejando de lado a las personas que tienen algún tipo de discapacidad.

Nuestra sociedad moderna lucha con el significado del sufrimiento. ¿Qué significado tiene el nacimiento de un niño anormal? ¿O el retardo mental? ¿O una discapacidad física? Aquel que sufrimiento o condición patológica que nunca desaparece, le llamamos discapacidad o invalidez. Piensa esa palabra: Inválido, NO VALIDO. Caemos en la tentación de definir a las personas por lo que son o no, capaces de hacer.

Cada vez que vemos personas con algún tipo de limitación física o mental, sentimos compasión o pena por su situación. En cierto sentido nos detenemos, por segundos, a intentar sentir lo que ellos experimentan, como si estuvieran del otro lado de la línea que separa a los seres humanos normales, de los que no lo son. Incluso, socialmente clasificamos a las personas como: capaces o incapaces, validas o invalidas/no válidas. Nuestros sentimientos de valía o de importancia que asignamos de acuerdo a las capacidades innatas, hace que los veamos como seres precarios, dignos de nuestra compasión.

Deberíamos reconocer que todos tenemos limitaciones. Que bien nos haría descubrir que todos poseemos insuficiencias. Todos somos incapaces en ciertas áreas de la vida. Una persona “discapacitada”, es alguien de valor e importancia, que solo tiene alguna parte de su cuerpo sin funcionar.

En la película FORREST GUMP, el personaje interpretado por Tom Hanks, ante el rechazo del amor de la mujer que amaba, reflexiona: “¿Por qué no me quieres Jenny? no seré inteligente, pero se lo que es el amor”.

No existe una vida sin discapacidades, sólo un ideal de salud que erige la sociedad. Definimos arbitrariamente la SALUD como la capacidad de trabajar o de usar los 5 sentidos en plenitud. Pero la salud no es una condición del cuerpo, sino el esfuerzo por vivir con las distintas condiciones del cuerpo. Todas las vidas humanas son limitadas, vulnerables y débiles.

Cuando veo niños a los que etiquetamos como “incapaces o no válidos”, pero tan válidos y capaces como cualquiera de nosotros para amar y expresar cariño, me enseñan que no hay mayor discapacidad que el prejuicio.