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Publicado el: 02 de Agosto del 2021

El diario de la vida

“Anhelo montar en mi bici, ver gente, sentirme libre”, escribió Anna Frank a los 15 años. En el estado de confinamiento actual, la historia de esta pequeña y su familia, nos resulta más comprensible y nos permite sentir empatía por su experiencia. Un 4 de Agosto pero de 1944, a las 10 de la mañana, un coche se detuvo frente a la casa-escondite, para poner fin a su prolongado cautiverio.

Al visitar en Ámsterdam la casa donde estuvieron confinados por más de 2 años, huyendo de la “pandemia” del horror, la habitación que más atrajo mi atención fue el altillo, en la parte superior de la casa. El único lugar donde una ventana permite observar las ramas de un castaño y más allá de él, el cielo. Allí podía "escapar" del mundo en el que estaban atrapados, para construir su propia burbuja y conversar consigo misma. Al entrar, el silencio se impone sin que nadie tenga necesidad de pedirlo. En ese sitio, Ana pasaba horas a solas escribiendo, escondida del mundo que la agobiaba. A través de esa ventana, su mirada buscaba la luz y los ruidos prohibidos en la casa. Aún se palpa en el ambiente la incertidumbre y la tensión de esas jornadas. Empezó a ansiar y valorar los detalles de la vida cotidiana al sentirse como un pájaro enjaulado. “Miraba el cielo azul, el castaño sin hojas con sus ramas llenas de gotitas resplandecientes, y los pájaros volar …me sobrecogió tanto que no podía hablar”. A veces la vida nos sorprende. Nos enfrenta a la soledad, para apreciar la compañía. Al ruido, para valorar el silencio.

Luego de más de 2 años de cuarentena obligada, Ana seguía abrigando sentimientos de optimismo. Una lección para nuestro confinamiento por la pandemia. Recluida en su escondite, tentada a sucumbir al ritmo de los hábitos cotidianos, su voz, suena extrañamente actual y reivindica un fuerte optimismo: “Quiero ser útil, llevar alegría a los demás, incluso a los que no conozco…No pienso en toda la miseria, sino en toda la belleza que aún permanece.” Su actitud soñadora y entusiasta, tiene mucho para enseñarnos.

El diario de Ana Frank es un conmovedor testimonio. Detrás de esas líneas surge la voz de una joven, que resuena en nuestra generación. Quizás estemos abatidos por recuerdos o sofocados por el presente. Pero no olvides, que el optimismo es la base del coraje. Nos aporta un fresco consuelo, y nos habilita para apreciar la vida. La esperanza en Dios, nos capacita para ser optimistas aún en situaciones difíciles."

Dr. Pablo Giannini Díaz

Cardiología infantil y Medicina del deporte.