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Publicado el: 04 de Agosto del 2020

NO SEAS INFANTIL

¿Cuántas veces te han dedicado estas palabras, por alguna actitud infantil? ¿Cuántas veces la has dicho, con tono acusador, hacia alguien que asumió un comportamiento de niño?

La niñez es la etapa en la que construimos lo que vamos a ser en la adultez. Lamentablemente el aprendizaje, muchas veces impone la pérdida de las virtudes sanas de un niño y el derecho a imaginar y jugar inocentemente. A medida que vamos creciendo, nos vamos desprendiendo de la capacidad de fantasear, de explorar sin miedo al ridículo. Nos vamos modelando, según el manual de desarrollo de la mente de un adulto.

Así, de a poco nos convertimos en seres aburridos, superficiales, menos dispuestos a ser asombrados por lo nuevo y más cómodos en la monotonía de la rutina, abrumados por “el qué dirán”, ensayando un rostro más serio porque creemos que eso nos hace más interesantes y maduros. Para el adulto, el juego es lo contrario a lo serio. Cuando le damos a un niño una hoja con un circulo para que lo coloree, le decimos que “está mal” si pinta fuera del mismo. Los limitamos, en plena etapa de descubrimiento, sin que comprendan aun la razón y la lógica. Nos esforzamos en que dibuje, piense y cree, dentro de las fronteras fijadas por el adulto, sin entender que esa energía creadora y espontánea, es lo que le permite descubrir su entorno y a sí mismo. Lo paradójico es que, en la vida adulta, se nos exige en el trabajo, en la escuela, en el matrimonio, que seamos creativos y dibujemos “fuera de los márgenes”.

La mente de un niño, en cambio, ve el mundo con inocencia, se asombra con las pequeñeces de la vida, busca las soluciones mas extravagantes con su ilimitada capacidad de soñar, y acepta que sus caídas y errores, no son un fracaso, sino un proceso de descubrimiento.

El novelista James Barrie, autor de “Peter Pan”, quien vivió una dura infancia, en el seno de una familia inflexible, escasa de afectos y autoritaria, cuya influencia pesó en el resto de su vida, confesaba que su más profundo deseo era recuperar su niñez. Su célebre personaje, era una personificación de tales anhelos. El tema principal de este cuento, es el deseo de Peter, de permanecer para siempre como niño, para no perder con la adultez, las virtudes de la infancia: “Yo no quiero aburrirme en una oficina triste, ¡no quiero ser un hombre mayor!”, afirmaba Peter. Esta obra, enfatiza que la infancia no debería ser algo que muere en nosotros, cuando ha cumplido un ciclo. No es un recuerdo, es el más vivo de los tesoros, que sigue enriqueciéndonos.

Muchas de las frases de Jesús me sorprenden, pero hay una que llama mi atención, ¿Qué le atrae tanto de los niños, al punto de poder resumir su enseñanza en Mateo 18:3: “sean como niños”? Seguramente su inocencia, la capacidad de asombro o la entrega alegre al juego. Pero, sobre todo, lo más valorable para Jesús, es la sencillez de los niños y el atreverse a ser sinceros y espontáneos.

Por eso, cuando veas a un niño jugar con un cartón, convirtiéndolo con su imaginación en un camión o una nave espacial, que no solo despierte tu nostalgia del pasado, sino la admiración por los atributos que el Creador colocó en ellos. La próxima vez que te digan: no seas infantil, quizás te sientas halagado.

 

Dr. Giannini Pablo

Especialista en Pediatría, deportología y cardiología infantil